Motivos de Planteamiento Editorial

    Mi padre se dedicó a la enseñanza por vocación y como cobertura económica para no ser profesional de la literatura. Por lo que esto entraña de riesgo. No vivir de la pluma sino para la pluma. Éste fue su planteamiento.
    Desde niña me conozco acompañándole al colegio madrileño donde trabajó treinta años. De adolescente me dio clase. En su tiempo libre le recuerdo instalado en el pequeño dormitorio de la casa. Un espacio lleno de humo con una mesa camilla y encima libros, folios y un vaso de ginebra teñida de coca cola. Trabajaba sobre tabla de clérigo, con hueco para el vientre, que hoy sigue utilizando. Lo escrito a mano se lo redactaba a mi madre en voz muy baja salpicada de exclamaciones si algo no salía. Parece que mi hermano y yo les estamos oyendo. Le recuerdo también afanado con sus paquetes, decenas de paquetes, centenares de paquetes para editoriales y concursos de novela. Durante cuarenta años mi madre los ha llevado a Correos. Porque siendo él un escritor tan premiado en concursos reconocidos, ninguno de ellos de carácter Oficial, necesitó de sus paquetes para intentar ganar otro premio. Razonablemente se podría pensar que estuviéramos ante un concursante compulsivo. Es otro el síndrome que ha padecido: el de concursante por estado de necesidad.

Voy a explicarlo:

    En la década de los sesenta el mundo literario se preguntó quién sería aquel jovencito imberbe que escribía desde el pueblo extremeño de Hervás: Y se le tildó mediáticamente como el eterno finalista. (Martín Prieto). Y Raul del del Pozo escribió que Víctor Chamorro llevaba la estrella en la frente. No excesiva buena estrella. El adolescente había perdido, por dos veces consecutivas, en la última votación, años 1963-64, el Premio Planeta. Y perdió en la última votación el Blasco Ibáñez y el Ateneo de Sevilla, entre otros. Siempre los ganadores fueron pesos pesados de la literatura. Y no pudo abandonar los frustrantes concursos, hasta el año 2002, porque ningún sello editorial le aceptó una obra sin premio. Así, a lo largo de décadas, únicamente le quedó el camino de concursar para poder publicar. Él mantuvo la esperanza de que una novela suya coincidiera con un jurado sin contaminaciones editoriales. En cuarenta años esto ocurrió tres veces: fue Premio Urriza, premio Ateneo Jovellanos y premio Café Gijón de Novela. Y gracias a bases de concursos, que recogieran la claúsula de editar la obra ganadora y la finalista, sobrevivió literariamente.
   Del archivo de mi padre saco los siguientes datos: La hora del barquero, premio Café Gijón 2002, fue rechazada por veintisiete editoriales a lo largo de treinta años. La novela  que ha estrenado este sello editorial, Guía de bastardos, fue rechazada por vintitrés editoriales. El pasmo y Los Alumbrados sufrieron suertes parecidas. El pequeño Werther peregrinó por diecinueve editoriales antes de su publicación.
    En la correspondencia entre Carmen Balcells y mi padre, a lo largo de una docena de años, se recoge la perplejidad de ella ante estas circunstancias.
    Estos datos de archivo los pongo a disposición de quien desee estudiar dicho comportamiento editorial. No omito que, a lo largo de cuarenta años de tentativas, su obra fue acogida, sin ganar premios, por cuatro importantes sellos: Espasa Calpe, Círculo de Lectores, Seix Barral y Plaza & Janés. Antes de editarse, estas cuatro obras recorrieron el circuito editorial completo. Ya editadas, apenas tuvieron eco mediático.
    Pienso que pudo ganar premios y llegar a finales, que hicieron posible la edición de parte de sus libros, gracias a pseudónimos. Y aunque soy consciente de que este silencio no lo ha padecido él sólo, creo que él representa, en medio siglo de literatura española, la metáfora del ostracismo. Y de una resistencia a sobrevivir literariamente que yo baso en la confianza que siempre tuvo en novelas muy trabajadas que resistirían el paso del tiempo.
    No quiero plantearme un silencio programado. Sí la existencia de ciertos códigos y complicidades aplicables a quien escribe a contracorriente.
    Deduzco que, tal vez, no se entendiera bien que mi padre resolviese sus asuntos literarios a través del servicio de Correos. Su lejanía del gremio se pudo interpretar como prepotencia. También el no buscar respaldo en grupos de afinidad ideológica y su timidez a la hora de los contactos mercantiles. Entonces el silencio le llegó de todas partes. Pero no le desvió de su planteamiento de compromiso. Según él, la palabra escrita debería perturbar y transgredir.
    Así, en su novela Amores de invierno, 1965, realizó un tratamiento esperpéntico de la Guerra Civil, de las relaciones sindicales y de la Iglesia Nacionalcatólica.
    En Hurdes tierra sin tierra, 1967, levantó acta notarial de aquella comarca de Buñuel, instalada en el Neolítico, e hija predilecta del franquismo.
    En La venganza de las ratas, 1968, noveló un caso real de torturas a expensas del Cuerpo de la Guardia Civil.
    Treinta y cinco años más tarde, en La hora del barquero, ha radiografiado el terrorismo de Estado.
    La dictadura reaccionó ante las provocaciones de aquel joven, que escribía desde su pueblo, aplicándole silencio oficial en su tierra y fuera de ella. Así, desde que publicó El Seguro, Premio Ateneo Jovellanos -año 1967-, hasta su siguiente novela El muerto resucitado, transcurrirán doce años. En este espacio de tiempo hubo de recurrir a la autoedición de su Historia de Extremadura en ocho volúmenes.
    Pero en el tercer volumen de Literatura en Extremadura, 1988, su autor interpreta que el rápido abandono de la novela por parte de Víctor Chamorro se debió evidentemente a que no estaba al día (pág. 197).
    El sistema democrático heredó pues este rechazo y el nombre de mi padre pasó al limbo de la literatura. Pienso que las editoriales que rehusaron tantas veces publicar su obra no podrán justificar que no tenía sitio en el mercado. La escasa crítica que se hizo, desde fuera de las fronteras regionales, siempre fue unánime a la hora de decir que sus libros enganchaban al lector desde la primera página. Por otra parte La venganza de las ratas, quedó el cuarto libro más vendido en España en el año 1969, según datos del INLE, a pesar de que como escritor él sólo ha pretendido ser un héroe de la literatura, no del mercado; mero entretenedor de lectores pasivos. Así pues, este comportamiento editorial sólo puede explicarse por motivos extra editoriales.
    Estoy segura de que el lector cavilará sobre los derroteros editoriales de este Sistema que inunda el mercado con novelas de usar y tirar -se dan limitadas excepciones- y excluye a las que recuperan lenguaje y hacen una literatura que muestre la causalidad de todo. Desapropiada en unos tiempos en los que predomina la apariencie y el simulacro. Frente a esta novela moderna, que en muchas ocasiones no se sabe qué es, él reivindica esa novela modernísima que, en palabras de Kafka, muerda al lector en la cabeza.
    Desde adolescente, ya tengo treinta y ocho años, he sido la sombra en el trabajo de mi padre. Le he leído y releído. He corregido sus tercos loísmos y laísmos. Sus peleas gramaticales con las ces y las ges. He vivido su severo silencio. Él, con su desgana sarcástica, nunca quiso dramatizar. Prosiguió con sus clases y sus paquetes. Ninguneos repetidos los metió en su archivo para material de su trilogía Los latidos de la memoria en donde la anécdota personal trascenderá a metáfora. La de cualquier escritor silenciado por haber hecho de la literatura un compromiso con la palabra y con los problemas de su tiempo. Pero, si mi padre guardó silencio, yo hablo hoy puesto que nadie se me adelantó. Sólo en muy contadas ocasiones surgieron voces puntuales de escritores con los que él no tenía trato personal.
    José Antonio Gabriel y Galán, revista Urogallo, julio de 1987, escribió que la obra de Chamorro no ha recibido la atención que merece.
    Trinidad de León-Sotelo, ABC, 12-09-1994, dijo que Víctor Chamorro no se derrumba frente a la total falta de promoción que a compaña a la publicación de sus últimos libros.
    Mª José Navarro, Revista Reseña, mayo 2000, expuso que las novelas de Víctor Chamorro han ido tomando un sello propio, un estilo de gran calidad literaria que reflejan un  trabajo sobre el lenguaje y las estructuras que no ha sido reconocido.
    Eduardo Sotillos en el Ojo Crítico, mayo 1998, dijo que Víctor Chamorro es un escritor con mayúsculas que lucha contra el destino del silencio.
    Mientras escribo este prólogo mi padre me pasa un libro de la Universidad Complutense (Didáctica. Lengua y Literatura. Vol.8. 2006). que refrenda mis consideraciones apuntadas. En este tratado el profesor Eduardo Ruíz-Ocaña Dueñas escribe un excelente ensayo:  Dos novelas para recordar. Una de ellas El santo y el demonio, la primera que escribió mi padre, con descripciones de estilo bellísimo, en palabras del profesor. Se hace eco de la casi nula presencia de Ramiro Pinilla y de Víctor Chamorro en los estudios clásicos sobre la narrativa de la época. En este sentido, Antonio Iglesias Laguna en sus Treinta años de novela española, 1938-1968, no cita a mi padre.
    Eugenio de Nora en su voluminosísimo tratado La novela española contemporánea, tampoco le cita.
    Martínez Cachero en su exhaustivo trabajo sobre la novela española de la posguerra le cita una sola vez y con una sola palabra: finalista.
    En cambio la biografía de Víctor Chamorro fue recogida en el International and writers who´s who 1982, Universidad de Cambridge (pág.109).

Concluyo: he leído a mi padre este prólogo. Le ha gustado y me lo ha agradecido.

    Planteamiento Editorial quiere aseurar su fidelidad hacia unos lectores que esperan una obra de Víctor Chamorro con asiduidad y sin confusiones cronológicas y terminar con el lastre que le supone al autor trabajar en una novela que si definitivamente fuera editada pertenecería a otra época de escritura.
    Recién jubilado de la enseñanza, inicia su etapa de madurez creativa de la mano de esta editorial.
    Planteamiento Editorial se propone publicar, aparte de su obra inédita, la descatalogada y estudiará además cualquier obra de jerarquía literaria y de pensamiento.
    En esta empresa empeño, con nerviosa alegría, mi tiempo y mi cuenta corriente.


Maite Chamorro del Arco
Licenciada en Ciencias de la Información

 

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